Marco Zavarse no quiere ser la próxima víctima del horror del psiquiátrico de Lídice

Con una herida abierta, putrefacta y llena de gusanos encontramos a Marco Zavarse recluido en el Psiquiátrico de Caracas. Llegó al hospital por trastornos mentales y violencia doméstica. Su mamá lo llevó y lo visita con regularidad pero no es mucho lo que puede hacer para curarlo.

El hombre de 48 años tiene una escara a nivel sacro repleta de gusanos que se ha complicado por la insalubridad del centro asistencial. La brisa que bate por sus pasillos oscuros trae consigo olor a excremento y orine que no puede ser aseado por falta de artículos de limpieza. Por si fuera poco el agua que se almacena en pipotes es la misma que toman los pacientes y a duras penas alcanza para asear los baños.

El equipo de Caraota Digital ingresó nuevamente al hospital gracias a la lucha del personal de enfermería quienes desesperados exigen solución, pero también atención para que Marco Zavarse no corra la misma suerte que José Martínez quien murió desangrado por falta de asistencia hace un par de días.

A Zavarse lo bajan y suben de un servicio a otro para hacerle las curas. Deben aislarlo para evitar que contamine a otros hospitalizados. El algodón y las pocas gasas con que cuentan gracias a donaciones de particulares se las colocan con ¨tirro¨ porque el adhesivo brilla por su ausencia.

En imágenes pudimos registrar a un joven con un trastorno esquizoafectivo, completamente desnudo, con la mirada perdida. Lo vimos sentado en un colchón improvisado inmundo. Encorvado comiendo con sus manos en un pote de margarina reciclado para alimentarlos a las 11:00 am y de nuevo a las 5 de la tarde con el mismo menú, granos con arroz o pasta.

El estatus del hospital es conocido por su director Guillermo Batista cuyo rostro y estampa no se ve por el psiquiátrico. Según denuncian trabajadores quien funge en el cargo desde hace más de un año solo envía personal del despacho de salud para amedrentar y amenazar con cárcel a quien denuncie la crisis y el estado infrahumano del psiquiátrico en Lídice.

Solo una vocación inquebrantable puede mantener a hombres y mujeres laborando en un lugar como este. Un hospital que lejos está de parecerlo: oscuro, sucio, con paredes y pisos manchados de heces; con ropa de pacientes malolientes como consecuencia de la indolencia; con gritos de personas confinadas a quienes se les negó la posibilidad de sanar.

Por el momento la entrada del servicio 1 esta forrada de pancartas donde claman la renuncia de Batista. Quienes han entregado su vida en este hospital lo retan a comer lentejas y arroz sin sal todos los días como lo hacen los pacientes. Le piden que se vaya pues consideran que la tragedia empeoró desde su designación.

Unos 10 pacientes masculinos permanecen en el lugar. Neurosis, esquizofrenia, depresión y problemas asociados a la adicción a las drogas son parte de sus patologías. Todos necesitan atención y aseo. ¨Esto es un deposito de humanos, los pacientes no pueden bañarse porque no tienen jabón, champú y mucho menos medicamentos. Ojalá la gente los ayude porque al director no le interesa¨, aseguró un trabajador que por seguridad no identificamos.

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